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19 nov 2010

POEMA DEDICADO A: ANTONIO, JUANA Y SU HIJO.

Mientras desmontábamos la caseta, Dº Luis Sereanaa, me dejó un poema dedicado a los Meño, cuando llegué a mi casa me puse a leerlo con la tranquilidad que se merecía, así que como no colgarlo y darle las gracias por ello.
Que el mundo se entere
que el mundo sepa la verdad
la falta de respeto a las personas
de esa gente ruin y desalmada
cuanto daño suelen causar


Que el mundo lo conozca
que se corra la voz ya
que hay gente irresponsable
que cometen graves delitos
jugando con la vida
y el futuro de los demás


El mundo debe conocer
de lo sucedido, toda la verdad
lo ocurrido, con Antonio Meño
un hombre joven y normal
entregado a un arreglo de estética
bajo los cuidados
de un supuesto profesional
pero que abandona su trabajo
abandonando así una vida
que es obligado seguir vigilando
porque es la única responsabilidad


Ahora se esconde
por que solo desea olvidar
ahora andará entre cloacas
sabiendo que mintió a la verdad
que merece el mayor de los castigos
por su negligencia y su maldad
por su falta de hombría
por su falta de profesionalidad
viviendo tantos años en la mentira
y con sus socios, en complicidad
"tanto monta, monta tanto
eso que todos ahora deben pagar


Que el peso de la justicia
como castigo, les caiga ya
por que los clientes
hasta que no salgan por la puerta
no  finaliza la responsabilidad


Antonio
Que Dios te proteja
y a tus padres, ayude en la lucha final
les de todo su amor y bendición
 para que la verdad triunfe
y caiga sobre la mentira y la maldad
y descanséis los tres muchos años
sabiendo que la ley, y la justicia
ha reconocido la verdad, de la verdad.


De: Luis Serena.


Gracias Caballero.

18 nov 2010

UN MILLÓN DE GRACIAS.

Ante todo agradecer a todas las personas que, a lo largo de estos 522 días han dejado su firma y apoyo a la familia Meño.

No podemos dejar sin mención a los medios de información, aunque su aparición haya sido un poco tarde, hacer esta observación con el ánimo de que en futuras luchas de este tipo, no queden en un solo comentario en unos pocos medios.

Sin lugar a dudas a todas las personas que han estado muy cerca a diario en la plaza, vecinos que con su presencia y ánimo han mitigado un poco el que hacer diario de algo que nunca nadie tendría que estar en la calle por el mal hacer de profesionales sin humanidad ni ética profesional. AFORTUNADAMENTE SIGUEN QUEDANDO PERSONAS CON ESA ÉTICA PROFESIONAL EN SUS MANOS.

22 Años de lucha y sufrimiento que jamás se podrá pagar ni con todo el Oro de Mundo, a una familia rota por el egoísmos he injusticias más despiadados. Se reabre el caso, lo que es un principio para no perder la confianza en esa Justicia perdida durante todos estos años.

Saludos.

12 nov 2010

EL DRAMA DE ANTONIO MEÑO NO FUE NOTICIA

"ENTRÓ EN EL quirófano para arreglarse la nariz y salió en coma irreversible. Su familia lleva más de 20 años en los tribunales. Hasta ahora la Justicia había desestimado la demanda de negligencia médica basándose en que el paciente sufrió un vómito durante la operación y el anestesista no pudo hacer nada más por él".



Desde hace días me apetece hablar con algo de reposo sobre la vertiente periodística del "caso Antonio Meño", sin que hasta ahora haya sabido cómo plantearlo. Comenzaré por confesar que la pista me la dio una compañera vía Twitter (" Mil veces pasé a su lado, mil me indigné, nunca hice nada") a raíz de que yo mismo planteara de forma retórica algo así como: "¿Dónde hemos estado los periodistas durante los 506 días que Antonio Meño ha estado en la calle para reclamar justicia?". No sé si por desidia, el caso es que los medios fuimos ajenos por completo a esta historia, quién sabe si por estar demasiado entretenidos en las estériles cuitas políticas, de dudoso interés, que irremediablemente nos invaden. Tampoco nuestros mandatarios han estado muy rápidos de reflejos que digamos. Juana Ortega, la madre de Antonio, ha enviado cartas a todo el mundo, desde el Rey hasta a Esperanza Aguirre, que no tuvieron a bien interesarse por este drama.


De forma sucinta diríamos que lo que se dilucida ahora es la revisión por parte del Tribunal Supremo del caso de Antonio, de 42 años, en coma desde 1989 por una operación de estética en la Clínica Nuestra Señora de América de Madrid. Un año y cinco meses estuvo su familia acampada en una caseta frente a unas dependencias del Ministerio de Justicia en la Plaza de Benavente después de que le embargaran su piso de Móstoles para poder pagar el pleito.


La cuestión, como digo, es que hasta hace unos días este drama familiar apenas ha ocupado espacio en los medios de comunicación. Ahora, en cambio, de pronto, gracias al efecto de bola de nieve, los medios han entrado a saco y hasta The New York Times le ha dedicado una página entera. No es cuestión de flagelarse sino de reflexionar sobre nuestras prioridades informativas. Y lo digo porque si hubiéramos estado más atentos a este caso, tal vez le habríamos ahorrado a la familia algún sufrimiento. No se trata, ni mucho menos, de interferir en la actuación de la justicia sino de haber tratado el caso con la debida equidad. Con frecuencia, a los periodistas nos gusta crear grandes historias para luego soslayarlas con la misma rapidez, una vez que las hemos exprimido.


En breve, el Supremo decidirá si anula el fallo de la Audiencia Provincial de Madrid que absolvió al anestesista y se celebra un nuevo juicio o si, definitivamente, se cierra la puerta judicial para la familia Meño. Una familia que nos ha dado una lección de pundonor al haber luchado en solitario durante tanto tiempo para que se haga justicia. Y nosotros sin ver la noticia. Hasta ahora.




http://www.felipeserrano.com/2010/11/el-drama-de-antonio-meno-no-fue-noticia.html

7 nov 2010

ULTIMO ACTO DE UN TRAMA SIN FIN.

Antonio Meño estuvo media hora presente en su juicio. Incapaz de comunicarse con palabras, al tercer grito mudo que soltó, dejando en un pudoroso silencio a jueces, abogados y público e interrumpiendo de nuevo la sesión, lo sacaron afuera, inmóvil, en su silla de ruedas. Después de 505 días postrado en una caseta que montaron sus padres en la calle para reclamar "justicia" públicamente, Meño, de 42 años, en coma desde los 21 por una operación de cirugía estética, fue trasladado ayer al Tribunal Supremo para estar en el último acto de su drama.


El recodo final del 'caso Meño'
"La declaración del testigo es contundente", afirmó el fiscal
El enfermo salió, tras 505 días, de una caseta de madera en la calle
Meño solo mueve la cabeza y hace muecas con los ojos y la boca
La defensa advirtió de que "lo humano no puede pasar por encima de la ley"

La corte celebró una vista oral para decidir si estima la demanda de revisión presentada por sus padres: un nuevo testigo afirma que hubo una negligencia en el quirófano de la clínica donde lo operaron, versión opuesta a la que ha venido prevaleciendo durante dos décadas de pleitos sobre el caso.
El Supremo dictó una sentencia en 2008, respaldando otra anterior de la Audiencia Provincial, en la que absolvió a la clínica privada (Nuestra Señora de América), al anestesista (todo el proceso se ha centrado en una supuesta negligencia de este) y condenó a los padres de Meño a pagar 400.000 euros a los demandados por los gastos judiciales, embargando la casa que sus padres, dos fruteros jubilados, tienen en Móstoles. Poco después, la familia se instaló con su caseta en la plaza de Jacinto Benavente, a unos pasos de una sede del Ministerio de Justicia, cubriendo la chabola de pancartas reivindicativas.
Ahora, tras oír la declaración del nuevo testigo, el tribunal tiene dos opciones: una, rechazar el testimonio y ratificarse en su sentencia previa; otra, estimarlo, anular todo el proceso judicial y devolver el caso a un juzgado de primera instancia.Tres magistrados del Tribunal Supremo oyeron ayer durante más de cuatro horas las versiones del nuevo testigo y del anestesista -que tuvo que declarar otra vez-, además de los argumentos del abogado del hombre en coma y de los cuatro defensores de la parte demandada. El fiscal tomó la palabra al final: "La declaración del testigo es contundente. Habrá que llevarla a los órganos judiciales para que se valore con el resto de pruebas encima de la mesa". La decisión del tribunal se conocerá en breve.
La jornada del hombre en coma empezó a las nueve y media de la mañana, cuando sus padres, dos sexagenarios de Móstoles, lo sacaron en silla de ruedas de la chabola de madera y lonas de plástico donde protestan desde hace un año y cinco meses por lo que consideran una injusticia. Fuera esperaban cámaras de televisión, fotógrafos y redactores de prensa.
Antonio Meño, que quedó en coma hace 21 años durante una operación de cirugía estética, un simple retoque de nariz, salió ayer por primera vez de la caseta de madera y lonas de plástico que montaron sus padres hace 506 días en la plaza de Jacinto Benavente, a unos pasos de una sede del Ministerio de Justicia.
Paralizado en su silla de ruedas, con la luz de la mañana dándole en la cara, de color de cera, Meño empezó a dar gritos que parecían de dolor o de angustia. Es imposible conocer la razón de sus reacciones. Su cerebro se lesionó gravemente durante la operación y perdió la capacidad de hablar. Solamente mueve la cabeza y hace muecas con los ojos y la boca. También es capaz de agitar algo los brazos y las piernas.
Sus padres lo llevaron en furgoneta al Tribunal Supremo. En el trayecto continuó el sufrimiento de Meño con sus gritos guturales. Su madre, Juana Ortega (que no se ha movido de su lado desde que se quedó inerte hace 21 años, menos si cabe en los últimos 17 meses en la calle), le respondía con una severa ternura: "A ver si vas a ser un cobarde ahora. ¿No vas a aguantar en el último momento?", decía la mujer, de 64 años, de pie dentro del coche, encorvada contra el techo para no perderle la cara a su hijo ni un segundo.
Al llegar al Supremo, sobre las diez de la mañana, de nuevo los flashes de las cámaras. La expectación que ha creado el caso Meño generó un barullo inusual en el solemne edificio del alto tribunal. "¡Habéis visto el circo que se ha montado aquí!", le decía una empleada de la corte a sus compañeros en los pasillos.
La Sala Primera de lo Civil se llenó con más de 80 personas que asistieron a la vista oral (no era un juicio, sino un acto en el que los magistrados del Supremo escuchaba a las partes para ver si estiman la demanda de revisión -anulación de sentencias previas y reapertura del proceso judicial- de los padres de Meño).
El núcleo de la vista fue la declaración del médico que se encontró de manera casual, según su versión y la de la familia, a los Meño en la plaza de Jacinto Benavente. Ignacio Frade afirma que estuvo en el quirófano como aprendiz. Sostiene que durante la operación el tubo por el que respiraba el paciente se soltó de la máquina, sin que el anestesista, ocupado en una intervención simultánea, de acuerdo con la versión de Frade, volviese a la habitación hasta "cinco minutos" después.
La defensa de los demandados (cuatro letrados que protegen a la clínica, al anestesista y a sus dos aseguradoras) preguntó al testigo por qué no había hablado antes. "Yo imaginaba que [Meño] había muerto. Cuando lo vi en la calle me pareció tan espeluznante que decidí contar la verdad", respondió el médico.
Frade añadió que en un principio el cirujano de la operación, ya fallecido, le dijo que la familia había sido indemnizada y que el anestesista había cargado con la culpa. Eso dictó en 1993 la primera sentencia de un juzgado de lo penal; luego vinieron los recursos y el caso se volvió en contra de la familia Meño, condenada por el Supremo en 2008 a pagar los gastos judiciales.
El testimonio de Frade fue cuestionado con insistencia por los abogados defensores, que resaltaron que durante años de pleitos se han dictado sentencias dando por verdaderas las versiones de la clínica y el anestesista.
Pero su idea fuerza fue otra, más formal que relativa a los hechos: reivindicar que una sentencia en firme del Supremo, por ley, no tiene vuelta atrás, a excepción de unos supuestos "extraordinarios" que, según ellos, no se cumplen en este caso.
La demanda de revisión de la familia Meño se basa en una supuesta maquinación fraudulenta, esto es, que se ocultó en los juicios la existencia de Ignacio Frade. La contestación del abogado del anestesista fue estrictamente jurídica: "En su momento no pidieron que acudiesen a declarar los testigos de la operación, así que no se tapó nada".
Los Meño tuvieron otro abogado hasta la última sentencia del Supremo. Su nuevo abogado, Luis Bertelli, reconoció ayer que entonces no se pidió el testimonio de todos aquellos que estuvieron en el quirófano. Formalmente, de acuerdo con la interpretación de la defensa, no se ocultaron pruebas, pues tampoco se pidieron.
Los demás letrados se ciñe-ron a esta razón, aunque por momentos pasaron a advertir a los magistrados del Supremo sobre el peligro de los "sentimentalismos" o de que lo "humanitario" hiciese que se dejase de lado la "aplicación de la ley".
El fiscal tuvo la última palabra. Pidió con firmeza la reapertura del caso, "aún rompiendo el principio sagrado de la inquebrantabilidad de la sentencia en firme". La decisión quedó en manos de los tres magistrados del tribunal. En pocos días se conocerá el desenlace final del drama de Antonio Meño.
El recodo final del 'caso Meño'

- El nuevo testimonio. Ignacio Frade, un médico que afirma que estuvo en el quirófano donde Meño quedó en coma, ausente en los juicios anteriores, acusa al anestesista, F. M. M., de estar atendiendo otra operación cuando, según su versión, se desenchufó la máquina de respiración asistida a la que el paciente estaba conectado.
- La versión del acusado. El médico acusado se reafirmó en la explicación de los hechos que mantuvo en anteriores juicios y que hasta el momento se ha dado por válida. Que Meño vomitó en el posoperatorio, cuando había recuperado la respiración, lo que le asfixió el cerebro por falta de oxígeno. Afirmó que la versión de Frade era "absolutamente falsa" y negó que estuviera en el quirófano.
- El cerrojazo formal de la defensa. Los abogados de la clínica y del anestesista defendieron que la sentencia de 2008 del Supremo no se puede enmendar. Razonaron que no se cumple el supuesto de maquinación fraudulenta (que la clínica ocultó la existencia de otro testigo), porque durante los juicios previos la parte demandante no pidió que acudiesen a declarar todos los posibles testigos presenciales.
- La última palabra del fiscal. La Fiscalía terminó la vista pidiendo a los magistrados que anulen su sentencia anteriory reabran el caso ante la "contundente" declaración delnuevo testigo.

http://www.elpais.com/articulo/madrid/Ultimo/acto/drama/fin/elpepusoc/20101104elpmad_2/Tes

6 nov 2010

MADRES CON UN PAR

JUANA, MADRE DE ANTONIO MEÑO ORTEGA

Juana, reconozco que acabo de enterarme de quién eres a través de los informativos de primera hora de la mañana. Esa hora en que me tomo mi café aún medio dormida, esperando el momento en que hay que despertar a los niños y pelear con ellos para que desayunen, se vistan, se peinen, se laven los dientes, se limpien los zapatos, revisen las mochilas, por fin se pongan los abrigos y por fin salgan por la puerta de casa. Lo de todos los días de lunes a viernes.

Veo a Juana sujetándose el pinganillo en la oreja, abrumada ante uno de los cientos de micrófonos que probablemente hoy se agolpen ante ella, pero sin perder de vista a su hijo durante la entrevista. Está en la Plaza de Benavente, de Madrid. No es que su hijo esté correteando por allí, no es que su hijo esté esperando a que abran la puerta del cole y pueda que se despiste jugueteando con otros niños y por eso ella no le quita ojo.
Juana aparece bajo unas cortinas que parecen un dosel. Pero Juana no está en el salón de su casa. Al fondo parece que hay algún cuadro en una pared de color azul. Pero sólo lo parece. Es una foto de la Virgen de la Milagrosa. Y el cuadro no es tal cuadro, es una funda transparente de esas que usamos para guardar papeles. Según afino la vista y la cámara va mostrando más detalles, la pared de color azul es apenas un poco más alta que Juana. Ahora ya enfocan a su hijo. No es un niño. Es todo un hombre. La mano de Juana no se aleja de su almohada. Resulta obvio que su hijo debe de estar enfermo. Ahora ya lo comprendo mejor. Es que Juana y su hijo viven en una caseta como las que estamos cansados de ver en las obras. Tantas obras y tantas casetas. Cuenta que llevan ahí meses, ¡unos quinientos y pico días!.

Pienso en quinientos y pico días retrocediendo hacia atrás. El espantoso último invierno de nieves y lluvias, Juana y su hijo ya estaban allí. Recuerdo el espantoso último verano de calor de récord que nos chupamos en Madrid. Juana y su hijo seguían allí. Contando días, todavía me quedan bastantes meses para seguir retrocediendo en mi memoria. Pero ya no quiero echar más cálculos. Qué importa el tiempo de mi vida cotidiana como referencia para saber desde cuándo Juana y su hijo viven así. Siento tristeza al saber que entre esas paredes de chapa han estado acampados una madre de sesenta y tantos años y su hijo sin haberme enterado de nada. Es triste darse cuenta de que estas cosas están ocurriendo a la vuelta de la esquina mientras otros, incluida yo misma, vamos pasando hojas del calendario como si tal pascual.
Yo no suelo pisar Madrid, vivo a las afueras. La Plaza de Benavente me suena, la sitúo por el centro y yo procuro no ir por el centro. Ese Madrid tan castizo me agobia, siempre tan llenísimo de gente que sube y baja y te empuja y te golpea. Pero sí, soy capaz de situar el Ministerio de Justicia. Y aún más cuando el reportero comenta que Juana está plantada justo delante de su puerta principal. Madre del amor hermoso, nunca mejor dicho.
La historia de su hijo espero que entre en los anales jurídicos de nuestro país. Comienza con una intervención quirúrgica en principio sencilla pero que técnicamente no lo fue tanto. Entró al quirófano con 21 años y salió de él con un pasaporte al misterioso país del coma. Un joven alto, fuerte, estudioso, trabajador. Se acabó su carrera de Derecho. Se acabó su trabajo en la frutería de los padres. Se acabó la normalidad de su vida y la de los suyos. Otros tres hijos tiene Juana. Pero desde entonces sólo vive para éste.
El supuesto médico supuestamente negligente sigue trabajando. Tendrá una familia a la que atender, unos amigos a quienes visitar, unas vacaciones para descansar, en fin, una vida supuestamente normal. Yo no sé si yo podría vivir igual que antes con el recuerdo de Juana -y sobre todo del hijo de Juana- repiqueteándome en la conciencia. Tampoco sé si podría ser funcionario del Ministerio de Justicia y fichar cada día como si nada, sabiendo que esa mujer y ese hombre están ahí reclamando precisamente eso, justicia. O supuestamente justicia.
Primero un juez condenó al médico. El médico recurrió, ganó y otro juez condenó a Juana. No quiero ni imaginar a cuánto ascenderá la nómina de ese médico a cambio de su trabajo. Sin embargo, sí puedo imaginar lo que debe de suponer para Juana una condena a pagar 400.000 euros -amén de la condena de su hijo a permanecer en coma- para cubrir los gastos de notarios, procuradores y demás costas. Sus bienes embargados, lógico. Sin embargo, Juana con un par bien puesto acampada en la calle, mientras el médico, supuestamente con otro par, viviendo en una casa... ¿tal vez con jardín?, ¿quizá con piscina?...¿tal vez en un buen barrio de Madrid? ¿con aire acondicionado?
Por fin el Tribunal Supremo ha decidido reabrir el caso. No porque Juana esté con su hijo en una caseta de chapa así nieve o truene o abrase el sol, no. Es que por lo visto hace meses apareció de repente un testigo directo de aquella operación. Alguien que presenció todo en calidad de estudiante de Medicina en prácticas, pero que siguió viviendo su vida -también supuestamente normal- porque perdió la pista a Juana y a su hijo. Al saber de ellos a través de la prensa, este testigo decidió poner fin a su silencio. Y como tiene voluntad de testificar, pues el Supremo ya puede intervenir para ocuparse de Juana, del hijo de Juana y del supuesto error del médico que operó al hijo de Juana. Sin testigos, la palabra de Juana no era nada frente a la palabra del médico supuestamente negligente. En qué cabeza cabe que una frutera pueda tener razón ante una legión de médicos apoyando a un compañero. Juana podía decir misa. No soy quién para dictar sentencia sobre este caso, pero sí para testificar sobre el todopoderoso corporativismo del que hacen gala los facultativos en un momento dado.
Juana y los suyos han perdido todo. Realmente ellos son los perdedores de esta historia, no los procuradores ni esas retahílas de funcionarios, aseguradoras y demás a quienes Juana adeuda tanto dinero. Si Juana se hubiese resignado, su hijo seguiría en coma irreversible, pero al menos habría conservado su piso, su negocio, sus bienes. Si Juana se hubiese callado, seguiría igual de apalancada junto a la cama de su hijo. Su hijo no va a dejar esa cama diga el Supremo lo que diga. No habrá sentencia capaz de separarlos, de momento nada ni nadie ha conseguido hacerlo. "Por un hijo se hace cualquier cosa", dice Juana, mientras repasa cuidadosamente la funda de la almohada de su hijo, como lo habría hecho si hubiera podido estar en su verdadera casa haciendo una verdadera cama.
Es cierto. Por un hijo se hace lo que haga falta, se va donde haya que ir, se recogen miles y miles de firmas, aunque en el Congreso sus Señorías no hagan ni puñetero caso. Se abre un blog, se movilizan conciencias a pie de calle, se sufren insultos y agravios (sí, en este mundo hay gente para todo), se plantan pancartas y se convocan concentraciones, aunque los cristales del Ministerio de Justicia quizá estén tan sucios y blindados que ni se vea ni se oiga nada de lo que acontece medio metro hacia afuera. Serán ventanas donde no repiquetea el granizo ni resbala la lluvia. En el Ministerio de Justicia hay calefacción y aire acondicionado, también en el Congreso y en los quirófanos donde trabaja el supuesto médico que se atravesó en la vida de Juana y de su hijo hace veinte años.
Juana, perdona que hable más de ti que de él. Sé que lamentablemente tu hijo es el principal afectado de esta historia, que todo lo que has luchado y lucharás es por él y nada más que él.
Juana, perdona que te diga que gracias a vosotros hoy he vuelto a creer que hay mucha gente buena por el mundo. Como esos guardas jurados que, aprovechando que vigilan nuestro Ministerio de Justicia, que merece toda la protección posible, vigilan también tu vivienda de chapa, que para mí merece aún más protección que el Ministerio, por muy Ministerio que sea. Perdona que te diga que me parecen admirables tu marido, tus otros hijos y tantos ciudadanos que os acompañan, os humedecen la estancia cuando tu caseta se convierte en un horno y os llevan ropa de abrigo cuando tu caseta es un congelador.
Juana, perdona que te cuente que para mí un detalle de la entrevista de hoy en la tele me lo ha dicho todo y me ha dicho ya bastante. Que dejaste tu casa. Que primero fue una sombrilla con una silla de playa junto a su cama. Que luego fue una tienda de campaña, con camping gas y demás accesorios. Que después tuvo que ser lo de montar una caseta sobre unos palés. Todo eso es tremendo. Pero que vuestra caseta tenga hasta moqueta en el suelo y cortinas...¡eso me ha llegado al alma!.
Por un instante me ha parecido que estabas en una jaima. Una jaima de princesa en medio del desierto. Sólo una madre como tú podría atender a ese hijo viviendo en la pura calle, como tú lo haces, sin que parezca que estás abandonada y desahuciada. Eres una princesa que cuida de su rey en un mísero trozo de acera. Me importan un churro el Ministro, el juez, los diputados y el supuesto médico. A ti nadie te mueve de la puerta de tu caseta-jaima. No sé si verás pasar a tu enemigo por mucho que te sientes a esperar. Pero eso también me importa un churro. En el "pack" de hacer el mal va incluida la penitencia. Allá cada cual.
Juana, hoy me has dado una lección de cuánto y hasta dónde se puede llegar por amor a un hijo. Y quiero dedicarte algo que hasta ahora guardaba en la intimidad de mis recuerdos. Son tan solo unas palabras, eso sí, unas palabras muy especiales. Me las regaló uno de mis niños cuando apenas había cumplido cuatro años. "Mamá, eres lo más bonito del paisaje". Nadie nunca me había dicho algo tan bonito. Tu hijo no puede decírtelo, lo sabemos, pero seguro que lo siente. Eres una madre preciosa en medio de nuestro paisaje.
Mucho ánimo, Juana. Sigue echándole un par como hasta ahora.

Y gracias por haberme hecho escribir aquí otra vez.


MIÉRCOLES 3 DE NOVIEMBRE DE 2010



PUBLICADO POR ALMUDENA FRANCO

http://madresconunpar.blogspot.com/2010/11/juana-madre-de-antonio-meno-ortega.html